Tuve la suerte de visitar París el año pasado durante mis vacaciones. Estaba cansada de los destinos cercanos y carentes de sorpresas y novedades. Tenía deseos de conocer algo que realmente jamás hubiera visto (las películas no cuentan). Así que, junto a una amiga, alistamos las maletas y nos fuimos.

Fue una locura, ya que del idioma tenemos muy poca idea. No habíamos previsto ningún tipo de hospedaje y no tenemos conocidos allá. Pero el personal del aeropuerto fue bastante amable y nos ayudaron con algunas sugerencias respecto al hospedaje y algunos lugares para comer.

Claro que estábamos muy ansiosas, al igual que temerosas, de que algo fuera a  salir mal. Pero tuvimos suerte.

El primer día quisimos visitar la Torre Eiffel, pero estaban realizando trabajos de mantenimiento en ella, era martes. No supimos prever esa situación. Pues todos los museos, centros históricos y turísticos tienen un determinado día de la semana para realizar arreglos y están cerrados para las visitas. Además, había que asegurarse de los días llenos, pues como son centros turísticos cotizados a nivel mundial, existen filas interminables en sus afueras que pueden durar incluso algunas horas.

Ante tales imprevistos, pusimos buena cara. Pensamos en otras actividades alternativas como conocer la ciudad a pie y visitar algunos museos que no son tan cotizados, pero igual de hermosos y valiosos como los otros lugares.

Dimos un paseo por el centro de París y nos topamos con algunos artistas callejeros que trabajaban en algunas obras (la mayoría pintura) con tanto esmero y calidad, que parecían salidas de algún centro histórico. Lucían como verdaderas réplicas de algunas obras reconocidas.

Entre todos ellos hubo un joven que atrapó nuestra atención. Pues no sólo vendía sus pinturas, sino también algunos materiales para que los espectadores pudieran pintar al igual que él. Me atreví a comprar un lienzo en el cual estaba dibujada la Torre Eiffel con un fondo hermoso. Compré también algunos pinceles y pinturas. Estaba todo listo para ser una artista.

Nuestro viaje duró una semana y al regresar a casa lo primero que hice fue preparar mi primer lienzo como artista y ponerme a pintar. Pero fue un desastre y lo único que logré fue bajar mis ánimos artísticos.

Fue entonces cuando recibí una recomendación para pintar por numeros. ¿Pintar por números? Sí. Pues, resulta que existe un sitio en la red que otorga herramientas para pintar a los principiantes como yo para que logren pintar como verdaderos artistas.

Se trata de algunos lienzos con diversas temáticas que vienen marcados por números para que sepamos guiarnos perfectamente respecto a los colores y tonos que deben llevar los dibujos.

¿Cómo resultó? ¡Una maravilla!

Siempre recibo halagos de amigos y familiares que me visitan y aprecian mis pinturas en la sala. Muchos de ellos piensan que son obras compradas o que han sido pintadas por profesionales del arte. Desde que me di una oportunidad en el mundo de la pintura con la técnica de pintar por números, puedo regalarme un respiro realizando esta actividad que ahora es una de mis favoritas y disfruto muchísimo.

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